La palabra en el capítulo 9 de Mateo nos habla del amor que Jesús tiene por la gente. Cuenta que llegaron muchas personas a Él para ser sanas; habían dos ciegos, un paralítico, una mujer con flujo de sangre, la hija de un oficial, un endemoniado mudo, un cobrador de impuestos odiado por su pueblo.

Mucha gente rechazada por su condición física o espiritual, la palabra cuenta que los fariseos criticaban a Jesús por comer con cobradores de impuestos y pecadores, pues los consideraban inmundos.

En el tiempo que Jesús estuvo en la tierra mucha gente fue rechazada, pero Él nos dice que no vino por sanos (por los que están bien), sino por enfermos (por los que estamos mal). Jesús vino a sanar nuestro espíritu, alma y cuerpo por el amor que nos tiene.

En el capítulo 9 versos 37 y 38 nos dice: “A sus discípulos les dijo: La cosecha es grande, pero los obreros son pocos.
Así que oren al Señor que está a cargo de la cosecha; pídanle que envíe más obreros a sus campos.”


Jesús tuvo compasión por todas las personas, las vio con amor porque eran como ovejas sin Pastor, había mucha gente necesitada, mucha gente que buscaba ser sana, que anhelaba llegar a Dios; pero al igual que hoy en día los obreros son pocos.


En nuestros tiempos también hay mucha gente necesitada de una palabra de amor, mucha gente necesitada de un Dios que les diga que los ama.

Hoy te invito a que puedas decir: “Heme aquí, envíame a mi”, como lo dijo el gran profeta Isaías, que digas Dios prepárame para ser un siervo de tu obra, aquí estoy para trabajar por la gente.

No pienses que no vas a poder, o que el trabajo es mucho para ti. La palabra nos muestra que Jesús dijo: “Les digo la verdad, todo el que crea en mí hará las mismas obras que yo he hecho y aún mayores, porque voy a estar con el Padre”. Juan 14:12 NTV

Sólo miremos la vida de los discípulos; muchos de ellos despreciados, rechazados, tal vez el empleo que tenían no era el más remunerado o el más deseado.

Pero Cristo llegó a su vida y los convirtió en pescadores de hombres, en ganadores de almas. Él puso su amor y compasión por la gente, inspirando a  Pedro a decir levántate y anda, igual que el maestro. Transformando su vida de rutina y sin propósito, en una nueva vida, renovando sus fuerzas, permitiendo que nazca de nuevo, mostrándole el propósito real de su existencia.

Ahora, tú debes decidir ser parte de los obreros, ser parte de los ganadores de almas o sólo quedarte sentado en tu silla pensando que no puedes o que este trabajo no es para ti.

Si el Señor te pone o te llama a ser su obrero, Él te va a respaldar y va a depositar en ti su amor, su unción para que seas de bendición para las personas a tu alrededor, así como Él lo fue, lo sigue siendo y lo será.

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