La Palabra dice que el que cree en Jesús, de él fluirá ríos de agua viva, esto significa que el Espíritu Santo entrará en cada uno y le dará el poder de hacer cosas que sin Él no podríamos hacer. (Juan 7: 37-39)

Si comparamos a un Pedro antes y después del día de Pentecostes (Descendió el Espíritu Santo sobre 120 personas), vamos a ver a un hombre muy diferente. Antes era temeroso e impulsivo, pero después de ese gran día se transformó en valiente, pensante, se dejaba guiar por el Espíritu para llevar una vida agradable a Dios.

Cuando Jesús entra en nuestra vida de verdad, su Espíritu, hace un cambio tan grande en ella que la gente se va a maravillar y sorprender del ser que ahora somos. Y nos va a decir: Te vez diferente ¿Qué te hicieron? Muéstrame tu secreto, hasta el rostro te cambió!

Pero si decimos que tenemos a Cristo y por ende al Espíritu Santo, y no hay un cambio en nuestro interior el cual se refleja en nuestro accionar, tal vez sea que simplemente estamos viviendo una mentira y al final nos llevaremos una gran sorpresa.

Hoy te invito a que examinemos nuestra vida, y evaluemos si realmente hemos permitido que el Espíritu haga un cambio o seguimos siendo los mismos que cuando no conocíamos de Jesús.

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