Pensar que dos simples ruedas, un manubrio y fierros deformados me pueden dar tanta libertad, tantas ganas salir y pedalear y pedalear sin descanso, pedalear y pedalear hasta mas no poder, pedalear sin barreras y con cada metro avanzado sentir como el viento enfría mi rostro y deja atrás efímeros recuerdos de lo que fue y por el momento ya no es.

Pensar que para la actividad que mas amo, no necesito mas que mis fuerzas físicas, un poco de música, un destino o tal vez no y que la carretera haga lo demás. Volver a pedalear después de 8 meses del accidente, es una locura, volver a sentir está sensación de libertad después de algunos meses de temor es indescriptible. Volver a ver el mundo a una altura que solamente con mi bici puedo alcanzar, es realmente inspirador.

Cuando me pongo a pensar en la sensación de libertad que adquiero al estar encima de mi bici, hago una analogía con la libertad que nos da el confesar nuestros pecados a DIOS. Cuando tenemos un pecado oculto o estamos haciendo algo que sabemos que está mal, pero nos gusta tanto que es difícil dejarlo. Algo dentro de nosotros está atado, algo dentro de nosotros se siente encadenado; es esa capacidad de libertad de adoración y comunión con DIOS.

Cuando el pecado está ahi y no es confesado, sentimos que no podemos avanzar mas, sentimos que no hay libertad para seguir, sentimos que nos podemos quedar ahi atados y aunque el Señor murió por todos nuestros pecados, necesitamos de la libertad que nos da la confesión que nos lleva al arrepentimiento.

Al momento de hacerlo nos damos cuenta lo simple que somos y de la dependencia que tenemos de Dios, nos damos cuenta cuanto anhelamos volver a estar en una comunión libre con el Creador, sin que haya nada que impida que la adoración fluya y poder cantar con todas nuestras fuerzas, levantar los brazos por todo lo alto y sin prestar atención de quien este cerca, declarar fuertemente que EL nos ha echo libres.

La palabra dice: Que si confesamos nuestros pecados con nuestra boca, El es fiel y justo para perdonarlos y limpiarnos de toda maldad.(1 Juan 1:9).

Fueron 8 meses sin sentir la sensación de libertad que me da mi bici pero hoy que la vuelvo a tener, no quiero dejar de disfrutar de aquella libertad; yo no se por cuanto tiempo estés atado a un pecado, no se por cuanto tiempo no hayas sentido esa libertad de adoración, no se por cuanto tiempo te has sentido encadenado al querer levantar tus manos; pero lo único que te puedo decir, que no importa el tiempo, acá lo único que importa es la decisión que tomes de confesar tu pecado a Dios para que tu ser se sienta libre de adorarlo y comunicarte con EL sin que nada estorbe.

Está mañana te invito a volver a ser libre, simplemente confiesa tu pecado y vuelve a sentir la libertad de gritar Gracias Señor, por TI soy libre.

Att. Alguien que ama la libertad.

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